Fuente: Expreso, Lima
Perú - El combustible sube, la pesca se asfixia
lunes 4 de mayo de 2026
Perú - El combustible sube, la pesca se asfixia
por Alfonso Miranda Eyzaguirre
2 May 2026
Expreso, Lima
https://www.expreso.com.pe/opinion/el-combustible-sube-la-pesca-se-asfixia/?fbclid=IwY2xjawRi1ThleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFLOFRTakxFcUc1eVdCV3Vrc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHrzGInjLPCKn846BpQRnotI8BDlRe96nsEelv0bqHXXpgVCxR5Wi7eew24ik_aem_w6L_PpT1cL0-icaUGBshgA
La pesca artesanal peruana enfrenta hoy una presión que compromete seriamente su viabilidad económica: el fuerte incremento del precio del diésel, insumo esencial para poder operar. A ello se suma un problema estructural interno que agrava aún más la situación: la carga tributaria sobre los combustibles, en particular el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), que desde hace años se aplica al diésel utilizado por las embarcaciones pesqueras.
El impacto es completamente tangible. En zonas como Paita, el galón de diésel, que antes costaba alrededor de 14 soles, ha llegado a bordear los 23,50 soles. Este salto representa un incremento que altera por completo el equilibrio de costos de una actividad donde el combustible puede significar entre el 30% y el 50% del gasto operativo total. La pesca artesanal, como cualquier otra actividad económica, depende de la rentabilidad en la relación costo-beneficio. Hoy se gasta más de lo que ingresa.
El problema se vuelve aún más crítico porque el pescador artesanal no tiene la capacidad de trasladar este aumento de costos al precio de venta. Buena parte de su producción se inserta en mercados de exportación altamente competitivos, donde el precio no lo define el productor, sino la oferta global. En productos como la pota o calamar gigante, esta situación es todavía más compleja: la sobreoferta internacional —alimentada, entre otros factores, por la flota china que opera ilimitadamente en aguas internacionales— presiona los precios a la baja, justo cuando los costos internos se disparan. El resultado es una paradoja evidente: insumos cada vez más caros y precios de venta que no acompañan o incluso disminuyen.
En este contexto, el propio diseño del Impuesto Selectivo al Consumo merece una revisión urgente. Según la definición del Estado peruano, el ISC es un tributo que grava productos considerados no esenciales o que generan externalidades negativas, como el alcohol, el tabaco o los combustibles. Su finalidad es desincentivar consumos perjudiciales o financiar sus efectos. Sin embargo, aplicar esta lógica al diésel utilizado para la obtención de alimentos resulta, como mínimo, cuestionable. La pesca no es un lujo ni un consumo prescindible: es una actividad productiva clave para la seguridad alimentaria, el empleo y las exportaciones del país. La aplicación de este impuesto, en su momento negligente, hoy resulta, a todas luces, autodestructiva.
La experiencia internacional nos da perspectiva. En Ecuador, los aumentos en el precio del diésel generaron una crisis pesquera; en España, muchas embarcaciones dejaron de operar por falta de rentabilidad. Sin embargo, en Portugal y otros países europeos se han implementado rebajas fiscales o subsidios para sostener la actividad, y en diversas latitudes de Centroamérica se activaron fondos de compensación. La tendencia es clara: donde el combustible se encarece por la coyuntura mundial, los Estados intervienen.
El Perú, en cambio, aún no ha adoptado una medida equivalente. Y la situación se agrava día a día. La inacción no solo afecta a la pesca artesanal, sino también a la atunera, igualmente expuesta a una desigual competencia internacional.
Existen, además, mecanismos de solución posibles y concretos. Así como el Estado devuelve parcialmente el ISC al transporte terrestre, podría establecerse un esquema similar para la pesca, o incluso un subsidio condicionado a la cantidad de toneladas desembarcadas, asegurando trazabilidad y evitando distorsiones. No se trata de eliminar controles, sino de diseñarlos correctamente. Persistir en un esquema tributario inadecuado solo conducirá a menos embarcaciones operando, menor producción y mayor dependencia de importaciones. Cuando el combustible se vuelve impagable, no solo se detienen los motores: se pone en riesgo la soberanía del país.








